🐾 «Don Chucho y su Corte de Colas Revueltas»

Un relato con ladridos reales, celos nobles y perreras secretas… desde lo más profundo de Cacuelas.

Había una vez, en los jardines de una fastuosa caseta llamada Cacuelas, un perro viejo, robusto y con mirada de “yo antes ligaba más que tú”. Su nombre era Don Chucho I, aunque los más cercanos le decían simplemente «el Emérito de las Hormonas Desatadas».

Don Chucho era un mestizo noble, mezcla de sabueso ibérico, galgo del poder y podenco del Estado. Durante años fue el perro alfa de la manada, el que ladraba desde el balcón con voz solemne, mientras escondía huesos en sitios donde ni el CNI sabía cavar.

—»Qué porte tiene ese chucho», suspiraban las caniches del vecindario mientras se rascaban la oreja con coquetería.


🐶 Un líder con más collares que principios

Aunque oficialmente era el guardián del hueso institucional, su verdadero instinto no estaba en los discursos… sino en las perritas ajenas.

De noche, cuando el parque se quedaba en silencio, Don Chucho salía a olfatear el césped con más deseo que protocolo. Le gustaban todas: dálmatas, setter irlandesas, cockers franceses, beagles suizos… incluso una labradora exótica apodada “Corina”, que paseaba por Cacuelas como si ya fuera reina sin collar.

Dicen que tuvo más amantes que pelos en la alfombra real, y que en el sótano de Cacuelas hay un diario enterrado con nombres, fechas y croquetas con dedicatoria.


🐾 El Club de las Perritas Despechadas

Las historias saltaban de caseta en caseta: una perrita se lanzó por el balcón tras descubrir que compartía bebedero con otras tres. Otra desapareció durante una excursión misteriosa a Mónaco. Y otra fue vista con una maleta en la boca diciendo: “me largo, ¡a mí no me engañas más con tus promesas de pedigree!”

Pero el viejo Chucho seguía moviendo la cola como si tuviera cinco años y un hueso nuevo por conquistar.


🦴 Los huesos perdidos de Cacuelas

Años después, empezaron a aparecer huesos dorados en bancos suizos, escondidos bajo nombres extraños como “Fundación Lucum”, “Zagatka” o “Caja de Sorpresas Caninas N°3”.

Y justo cuando los sabuesos de Hacienda empezaron a olfatear, Don Chucho dijo que eran “regalos espontáneos de jeques bulldogs amigos” y devolvió unos cuantos huesos con cara de “uy, se me olvidó declarar eso”.

Don chucho intentando entra en MasTorrencito

🐕‍🦺 La nueva camada real

Hoy el trono de Cacuelas lo ocupa Felipón, su cachorro formal, bien peinado, que solo ladra si tiene discurso aprobado y nunca se escapa al parque sin correa.

Dicen que no hereda el meneo seductor de su padre, pero al menos no se esconde detrás de los arbustos con perritas extranjeras. Algo es algo.


💤 Y el Emérito… entre palmeras y piensos gourmet

Don Chucho vive ahora en AbuDogbi, tumbado en una hamaca, rodeado de piensos ecológicos, juguetes de oro y retratos suyos joven, cuando aún levantaba la pata con orgullo y no con artrosis.

Pero a veces, cuando la luna brilla sobre los jardines de Cacuelas, se oye un ladrido lejano, mezcla de nostalgia, testosterona y croquetas de caza…

Y algunos dicen que en su viejo colmillo aún queda el brillo del escándalo.

Un capítulo inédito y muy poco institucional de la saga perruna real…

Después de su retiro dorado en AbuDogbi, Don Chucho I, el viejo perro ligón de Cacuelas, decidió hacer una escapadita al campo. Su séquito le dijo que había un lugar mágico, lleno de perritos felices, croquetas artesanales, cojines mullidos y olor a libertad canina: Mas Torrencito.

—“¿Una masía catalana donde mandan los perros? Bah… eso lo conquisto en dos meneos de cola”, dijo Don Chucho, mientras se peinaba el lomo y se ajustaba su collar de cuero con incrustaciones de oro saudí.


🐕‍🦺 Llegada triunfal… o no tanto

Apareció en la puerta como si entrara en Cacuelas: con su sequito de caniches lacayos, un bulldog maquillador y dos chihuahuas portamaletas.

Pero los perros de Mas Torrencito no se dejaron impresionar ni un segundo.

Allí estaban Masto, Maky, Mastitwo y Mamas, cuatro guardianes nobles de la tranquilidad rural, con mirada honesta, patas limpias y cero tolerancia a la tontería perruna.

—“¿Y este quién se cree que es?”, gruñó Masto al verlo bajarse del coche como si estuviera en una alfombra roja.

—“Huele a perfume caro y a lío diplomático”, susurró Mamas, frunciendo el hocico.

Maky directamente le dio la espalda y se fue a tumbar al sol. Mastitwo ni le saludó. Un desplante regio digno de las mejores series de tronos y collares.


🐾 Chucho intentó socializar, pero…

Intentó hacerse el simpático: —“Hola, camaradas, ¿queréis que os cuente cómo enterré huesos en Suizaburgo?” —“¿Queréis una croqueta rellena de foie de jeque?”

Nada.

Ni una cola meneada, ni una oreja inclinada.

Masto le ladró educadamente:
—“Aquí no queremos postureo ni nobleza inflada. Aquí se comparte la croqueta, se cede la cama al visitante y no se persigue a las setter ajenas.”

Y así fue como Don Chucho y su séquito acabaron acampando fuera, en el aparcamiento de los no bienvenidos. El viejo alfa estaba indignado. ¡Él, el Emérito! ¡Rechazado por cuatro perros de pueblo! ¡Un escándalo!

Pero los de Mas Torrencito sabían bien lo que hacían. Allí no se permite el boato ni el “yo antes mandaba”. Allí, el que no sabe ladrar con humildad, no se sienta a la mesa ni huele el jamón del desayuno.


🦴 Epílogo rural

Dicen que, al marcharse, Don Chucho murmuró algo como: —“En Cacuelas esto no pasaba…”

Y Maky le respondió desde lejos: —“Pues por eso aquí somos felices, y allí… aún andan buscando huesos en paraísos fiscales.”

Continuará……

Pero tranquilos… Don Chucho volverá. Porque donde hay croquetas, hay intento de reinado.


Desde MasTorrencito te deseamos un buen día y que tus perros te acompañen!!!!

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