Esa es la gran pregunta. Y para muchos, sigue sin respuesta.

Pero antes de lanzarnos a buscar respuestas filosóficas o a consumir libros de autoayuda, vale la pena empezar por algo más sencillo: ¿qué es la felicidad, en realidad?

Y ahí ya empezamos a complicarnos. Porque no tenemos claro qué es. Porque creemos que tiene que ver con tener más, con lograr algo, con alcanzar un estado casi imposible. Porque la buscamos en lo extraordinario, en lo lejano, en lo que aún no tenemos.

Pero tal vez la felicidad no es eso. Tal vez es algo mucho más simple.

Mirá a los perros.

Ellos no necesitan nada de eso. No tienen metas abstractas ni crisis existenciales. Son felices con cosas básicas: compañía, cariño, atención, presencia. Y eso, en realidad, no es poca cosa.

Eso lo veo todos los días en MasTorrencito.

Mastitwo, por ejemplo, tiene una energía que no se puede explicar. Cuando llega algún cliente habitual, uno de esos que ya conoce, se pone a cien. Salta, corre, juega, se mueve como si no pudiera con tanta alegría. No hay cálculo. No hay filtro. Es pura emoción. Esa felicidad espontánea que nosotros, los humanos, hace tiempo dejamos de expresar tan libremente.

Masto es distinto. Más sereno, más pausado, pero igual de entregado. Apenas entra alguien por la puerta, va directo a buscar el cariño. Se acerca despacio, con esa mirada que lo dice todo, y espera una caricia, una mano amiga, un gesto de afecto. Y cuando lo recibe, se queda ahí, tranquilo, como si ya tuviera todo lo que necesita.

Maky, el asesino de ovejas de Mastorrencito

Y Mamas… Mamas es otra historia. Ella simplemente se acomoda al lado del cliente. Se tumba cerca, sin hacer ruido, sin exigir nada. Está. Acompaña. Esa presencia silenciosa que también es cariño, que también es conexión.

Y entonces uno se pregunta: ¿por qué a nosotros nos cuesta tanto encontrar eso? ¿Por qué necesitamos que todo sea más complicado?

Porque los perros no se pierden en teorías. No buscan la felicidad, la viven. No la analizan, la sienten. Y nos lo recuerdan todo el tiempo. Nos enseñan que muchas veces basta con estar. Con compartir un momento. Con dejar de pensar tanto y simplemente sentir.

Incluso los perros que llegan con los clientes lo hacen. Algunos entran algo nerviosos, explorando cada rincón. Otros, desde el primer momento, se sienten como en casa. Y todos terminan conectando entre ellos y con nosotros. Hay algo en ese vínculo que no necesita palabras. Algo esencial.

Y ahí está el punto.

Mientras nosotros nos llenamos de objetivos, los perros nos muestran otra cosa: que a veces la felicidad está en lo pequeño, en lo cotidiano, en lo simple. En mirar sin juicio, en jugar sin motivo, en acompañar sin condiciones.

Quizás ser feliz no es tan complicado. Quizás solo hay que desaprender un poco y observar más a quienes lo tienen claro desde siempre.

Y quizás, si aprendemos a vivir un poco más como ellos, también podamos ser más felices… sin morir en el intento.

Reflexión:

La felicidad no es una meta. Es un estado que a veces se nos olvida porque vivimos ocupados buscándola en lugares equivocados. Creemos que llegará cuando tengamos más tiempo, más dinero, más éxito, más certezas. Pero lo cierto es que la mayoría de las veces está mucho más cerca, aunque no la veamos.

Los perros lo tienen claro. No acumulan, no planifican, no comparan. Solo viven. Se entregan al momento. Se alegran con lo simple: una mirada, una caricia, una compañía.

Y tal vez por eso nos conmueven tanto. Porque en su forma de estar, nos muestran lo que nosotros hemos ido olvidando. Que no hace falta tenerlo todo resuelto para estar bien. Que no se necesita un motivo grandioso para ser feliz. A veces basta con estar al lado de alguien, con sentirnos vistos, con sentirnos parte de algo.

Los humanos tendemos a pensar demasiado. Los perros, en cambio, sienten. Y en eso hay una sabiduría brutal. Porque la felicidad, al final, no es un resultado. Es una forma de mirar el mundo. De estar presente. De agradecer lo pequeño. De dejar de buscar todo el tiempo y empezar a vivir un poco más.

Tal vez la clave está en eso: en dejar de complicarlo todo y volver a lo esencial.


Desde MasTorrencito te deseamos un buen día y que tus perros te acompañen!!!!

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